Del Wichy supe más bien por Silvio Rodríguez, por el aquello de vivir buscando lo de Silvio, sus extrenos, su vida, sus gustos, los amigos, el hecer.

A primera vista me gustó y quedé prendada de su obra, su amistad, sin conocerme, su dedicación a lo suyo y a lo universal. al hacer las cosas porque sí con esa convicción que ubicó a Silvio en una nates y un después siendo único, a Leonardo Padura en el escritor cubano de su tiempo con el desvestir de la época con Mario Conde mientras conspiraba en el cubaneo que hizo a Abel Prieto también crear o decir, buscar y convertirse en necesario de una época, de cxambios, de vivencias, de crecer la cultura.
Una curiosidad literaria
Hoy por hoy,
nadie ignora que Luis Rogelio Nogueras es uno de los más acuciosos
investigadores de los tesoros ocultos de la literatura universal. Así lo
prueba el volumen donde reúne algunos hallazgos, y al que ha puesto por
título, curiosamente, el del último de los textos incluidos: El último caso del inspector.
A mi juicio, Nogueras reúne las dos condiciones indispensables para su
vocación de investigador literario. Es, en primer término, uno de los
jóvenes poetas cubanos que con más austeridad, delicadeza y amor se han
acercado a la misteriosa criatura que llamamos Poesía. Y en segundo,
posee el fino tacto, y el olfato más fino aún, que caracterizan al
verdadero inspector policíaco.
El Caimán Barbudo, edición especial, p. 11, febrero de 1986.
Arte poética
Ahora sé
que el poema, antes de ser las líneas trazadas
con prisa,
es la conversación en el café,
la sonrisa azul de Blanca Luz,
la muerte de este hombre,
el apretón de manos o la vida entre dos.
Ahora sé
que trazar estas líneas
no es
sino la forma última de hacer la poesía,
el último acto del poema,
la función de trasplantar la vida a la hoja.
La poesía empieza en todas partes
y termina siempre en los papeles.
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